Pedirnos perdón, ¿cómo hacerlo?

Lo difícil que es pedirnos perdón

Todos hemos cometido y cometeremos errores. Errar es fruto del aprendizaje vital de cada uno. Para aprender primero debemos equivocarnos. Nadie aprender a andar si antes no se ha caído unas cuantas veces. ¿Y si es tan natural por qué somos incapaces de perdonarnos? ¿Por qué es tan difícil pedirnos perdón?

A menudo nuestros errores dañan a las personas que más queremos y nos importan. Todos hemos cometido el error de decir algo fuera de lugar, acusar a alguien sin fundamentos, o  simplemente hemos hecho pagar nuestro enfado con alguien que no tiene nada que ver. Son algunos ejemplos de los fallos más comunes que cometemos.

Cuando cometemos alguno de estos errores, y somos conscientes de ellos, nos vemos en la tarea de pedir perdón por nuestro comportamiento. Hemos dañado a otra persona. Debemos responder por ello y reparar el daño en la medida de lo posible.

El perdón casi siempre llega, pero podemos llegar a sentirnos culpables en exceso, y a juzgarnos duramente. Son los casos que ejemplifican lo duro que es llegar a pedirnos perdón. Podemos llegar a ser nuestros peores enemigos.

Todo error desenmascara nuestras carencias, y eso nos hace sentirnos débiles. En vez de tomarnos los errores como una oportunidad para aprender, los utilizamos para fustigarnos y castigarnos por el daño cometido, ya sea a nosotros mismos o a terceras personas.

¿Cómo podemos pedirnos perdón?

Cuando cometemos un error debemos pedir perdón a quien hemos perjudicado o dañado, y debemos pedirnos perdón a nosotros mismos. No somos perfectos, y debemos permitirnos errar de vez en cuando. Así que cuando nos equivoquemos debemos:

  • Aceptar nuestro error. Bien, nos hemos equivocado y no pasa nada. Todos erramos de vez en cuando. Así que se consciente de tu error, y analízalo. Que te sirva de aprendizaje.
  • Reconocer nuestra culpa. Cuando cometemos un error herimos a alguien. Es importante responsabilizarnos de ello, y restaurar el daño que hayamos podido causar.
  • Restaurar el daño. Como último punto es restaurar el daño que hemos causado a los demás por nuestras equivocaciones. Si no hemos dañado a nadie, seguro que nos hemos dañado a nosotros mismos. Por eso debemos personar y aprender a pedirnos perdón. Es necesario para seguir con nuestro camino.

Pedir perdón y perdonarnos es una virtud

Equivocarse forma parte de la vida, y además es una oportunidad clave para crecer y desarrollarnos en la humildad. Son momentos en los que podemos darnos cuenta que la vida es un perpetuo ensayo, donde acertamos y fallamos por partes iguales, y todo es un continua aprendizaje.

Pedir perdón y pedirnos perdón es una auténtica virtud, solo en la mano de personas valientes, capaces de reconocer sus errores, y tener la firme voluntad de subsanar el daño que ha podido producir o producirse a ellos mismos.

Si somos capaces de pedir perdón por algo tan banal como es el hecho de tropezarse con alguien por Lacalle, también tenemos que ser capaces de pedir y pedirnos perdón en nuestros errores más garrafales.

La necesidad de pedir y pedirnos perdón

Perdonar es una acción para que no todos estamos preparados. Quien consigue perdonar pedirse perdón a sí mismo, experimenta una sensación de paz y tranquilidad que sólo consigue quien es capaz de desprenderse de  aquello que le daña.

Para seguir adelante debemos desprendernos de todo el peso que no necesitamos para nuestro camino. Por ese motivo debemos perdonar y perdonarnos. No tenemos que arrastrar con todo ese peso.

El miedo pedirnos perdón

Caemos en el inmenso error de no perdonarnos a nosotros mismos porque ese hecho nos lleva a vernos como seres imperfectos. Y eso es lo que realmente somos. Así que no tenemos que tener miedo de reconocer nuestros fallos y debilidades. La aceptación es la clave para mejorar.

¿Cómo podemos dejar ese miedo y pedirnos perdón?:

  • Localiza tus errores. Debes saber en qué has fallado, y la dimensión real del error. De ese modo podrás ser consciente de tu equivocación y te será más sencillo perdonarte.
  • Errar no te nace ser mala persona. Hasta la persona más bondadosa se equivoca. Cometer errores no tiene nada que ver con la condición de cada persona, si fallamos es porque aún tenemos que aprender y evolucionar. Por eso toma tus errores como lecciones.
  • Aprende a pasar página. Vale, has cometido algún error, ahora sólo queda sanar el daño que hayas podido cometer, aprender de ello y ya está. De nada sirve que te fustigues. No conviertas tus errores para juzgarte con severidad. Aprende de ellos y sigue de nuevo. No pasa nada.
  • No te recrees en el pasado. El pasado, pasado está. De nada sirve para revivirlo una y otra vez en nuestra mente. Sólo nos hace daño y no nos deja vivir plenamente nuestro presente. Así que no te recrees en tus errores. Ha sacado valiosas lecciones que puedes aplicar en tu presente y en tu futuro.

Si te has perdonado puedes perdonar a los demás

Ya sabes lo importante que es el hecho de pedirte perdón, y perdonarte.  Es algo muy necesario y terapéutico. Cuando estamos libres de esa pesada carga podemos perdonar a los demás. Cuando perdonamos nos libramos de todo ese mal ajeno. No tenemos que cargar con ese dolor.

Es importante que aprendas a ser compasivo tanto contigo mismo como con los demás. De nada sirve revolcarse en las mismas cosas que nos hacen daño. Es positivo soltar ese dolor, y viajar sin cargas.

Todos fallamos en algún momento. Forma parte de nuestra naturaleza. Tenemos que ir aprendiendo conforme vivimos. Es el fundamento de la experiencia. Así que no trates con dureza los errores de los demás, ni tampoco los tuyos propios.

El perdón siempre debe ser sincero. Sí perdonas, que ese perdón sea verdadero y sin condiciones. Debemos ser consecuentes de nuestras decisiones. No quiero decir que todo vuelve a ser como antes, sino que eres capaz de librarte de ese dolor y seguir tu camino, aunque sea sin esa persona. El perdón no significa olvidar, significa que no quieres mantener ese dolor en tu interior.

Perdónate, y con ello conseguirás una relación más sana contigo mismo. Serás conscientes de tus fallos y podrás poner solución. Ello hará que tu autoestima se potencie, y puedas ser una persona más segura y completa.

¿Cuándo fue la última vez que te pediste perdón? Espero que seas capaz ahora de hacerlo y vivir con la paz que te mereces. No te juzgues severamente, porque tú eres tu todo. Quiérete, perdónate y respétate. Todo está en tu mano.

Daniel Molina, Psicólogo Emocional Online

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Daniel Molina

Psicólogo experto en psicología clínica y forense, y especialista en Gestión Emocional. Me siento muy afortunado haciendo lo que realmente me gusta.

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